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  1. El papel del psicólogo
  2. El papel del psiquiatra

Es un hecho que la labor de los especialistas en el
tratamiento es vital para la evolución de los pacientes
y en el caso de su padecimiento, los oncólogos son
quienes encabezan la estructura de atención y apoyo
para usted. Pero ¿qué hay de quienes colaboran en los
procesos emocionales del paciente?

En los últimos 20 años se ha prestado mayor atención a
los aspectos psicológicos y psiquiátricos del individuo que
sufre algún tipo de cáncer. Este campo se ha desarrollado
hasta el punto de convertirse en una subespecialidad
reconocida de la psiquiatría de enlace con la oncología.
La psico-oncología aborda las dos mayores dimensiones
psicológicas y psiquiátricas de un padecimiento como
éste.

Existen muchos mitos acerca del estado psicológico de
una persona con un tipo de cáncer. Aseveraciones que
van desde “Todos están deprimidos y necesitan intervención
psiquiátrica” hasta “Pueden manejar bien la enfermedad
y no necesitan ayuda psicológica”. Sin embargo, estudios
realizados en distintas pacientes que sufren y han sufrido
el padecimiento contradicen estas actitudes.

El papel del psicólogo
La psicología es una ciencia que estudia la conducta
humana y sus motivaciones; el porque las personas
piensan, sienten o actúan de una manera u otra. Los
campos que actualmente atiende el psicólogo son
diversos y uno de ellos es el clínico. El estudio del
paciente se ha vuelto una de sus áreas más investigadas,
de ahí la necesidad de que permanezca en contacto con
el psicólogo. De esta manera, se podrán dar solución a
diferentes procesos de duelo por los que pasa.

Uno de los aspectos más importantes para un correcto
manejo de tratamiento y una mejor calidad de vida, es
que se comunique con su entorno: familia, amigos,
enfermeras, médicos y psicólogos; este último puede
ofrecerle dinámicas para que exprese sentimientos que
tal vez no se atrevería a revelar. Dichos sentimientos
pueden ser los detonantes de complicaciones a nivel
físico y emocional; el especialista es un receptor de las
inquietudes, sensaciones, miedos, tristezas, alegrías y
además, ayuda a transformar las situaciones en hechos
positivos.

El experto empleará mecanismos terapéuticos que
lograrán que usted pueda externar situaciones y
sensaciones que en determinado momento, hayan puesto
una barrera en su recuperación, situación que no siempre
se deja ver a simple vista. El hablar de sus sentimientos,
tanto negativos como positivos, le ayudará a quitar de
cualquier carga mental que pueda tener y le aportará
soluciones efectivas. De esta manera podrá transitar por
este proceso de duelo.

El papel del psiquiatra
Algunos pacientes presentan algo más allá que un duelo.
Si usted presenta lo que comúnmente se denomina como
cuadro depresivo o un trastorno de ansiedad, puede
recomendarse, además del apoyo psicológico, la consulta
de un psiquiatra, quien valorará su condición para poder
recomendar un tratamiento adecuado.


El impacto de la mente sobre la salud y la enfermedad
es ampliamente reconocido; diversas investigaciones
científi cas corroboran los efectos de los problemas de
la salud mental sobre los físicos. La consulta psiquiátrica
oportuna mejora la evolución del paciente.


Recuerde que así como el cáncer de mama puede producir
efectos físicos como fi ebre, sudoración o cansancio
(entre otros), también puede ocasionarle efectos a nivel
emocional que necesitan atención como cualquier otro
síntoma. El experto en psiquiatría es quien puede evaluar
qué componentes a nivel emocional y psíquico, están
afectados y poder tratar estos aspectos.

El psiquiatra también se encarga de tratar uno de los
trastornos más comunes como es la depresión, de hecho,
la Organización Mundial de la Salud, reconoce que el
enfermo que la padece presenta, entre otros síntomas,
las siguientes manifestaciones: humor o ánimo depresivo,
pérdida de la capacidad de interesarse y disfrutar de las
cosas, disminución de la vitalidad, que lo lleva a minimizar
su nivel de actividad y a sentir cansancio exagerado aún
después de un esfuerzo minúsculo.


La depresión se caracteriza por:


• Trastornos del sueño (insomnio o dormir más de lo
acostumbrado)
• Trastorno del apetito (pérdida del apetito o comer
demasiado)
• Angustia
• Retardo o agitación psicomotora (disminución o
aumento de movimientos)
• Pérdida del interés por todo lo que está a su
alrededor
• Pérdida de la voluntad
• Disminución de la energía
• Pérdida de la capacidad de disfrute
• Tristeza
• Difi cultad para tomar decisiones (indecisión)
• Problemas para concentrarse


El diagnóstico de depresión no siempre es tomado
en cuenta y en ocasiones se le da poca importancia.
Síntomas como desgano, pérdida del apetito o el insomnio
se atribuyen frecuentemente a un padecimiento como

cáncer de mama, y por lo tanto, puede suceder que los

cambios en el estado de ánimo sean considerados como
consecuencia de la enfermedad.


La insatisfacción y la irritabilidad aparecen frecuentemente
en la persona hospitalizada a la que sus médicos no
le diagnostican el trastorno depresivo. Estos pueden
considerar que la enfermedad, especialmente cuando es
crónica e incapacitante es una “buena razón” para que
sus pacientes estén deprimidos y que su mejoría estará
en relación con el éxito del tratamiento por sí solo.
Por ello, es importante que cualquier síntoma relacionado
con la depresión que usted pueda sentir, lo reporte a su
médico y si es posible al especialista en estos aspectos
como puede ser el psiquiatra.


Otra de las manifestaciones que puede aparecer en la
paciente con cáncer de mama como trastorno relacionado
con la atención psiquiátrica es la ansiedad. Cuando ésta
es muy intensa, duradera y recurrente se considera como
patología o enfermedad, lo que impide que cualquier
persona que la padece, se adapte a su medio ambiente.

La ansiedad puede dividirse en:


Tensión motora: estremecimientos corporales,
temblores especialmente de áreas dístales (piernas,
brazos y manos), dolores musculares (nuca, espalda y
piernas), incapacidad para relajarse, tics (movimiento
involuntario que se produce repetidamente) o bien
necesidad de estarse moviendo constantemente.
Hiperactividad neurovegetativa: sudoración
en las palmas de las manos, cabeza y la frente,
palpitaciones y taquicardia (aceleración del ritmo
cardiaco), taquipnea (aceleración del ritmo y la
frecuencia respiratoria), mareos, boca seca, crisis
de calor o frío, poliuria (necesidad de orinar muchas
veces).
Contenido del pensamiento: aprehensión,
preocupación, miedo por causas inespecífi cas,
presentimientos negativos, tanto para sí mismo
como para los demás.
Hipervigilante y distraído
Alteraciones del sueño: insomnio inicial (difi cultad
para dormir) e intermedio (despertarse durante la
noche).


Si usted siente o ha sentido alguna de estas
manifestaciones, informe a su médico para que pueda
referirlo con el especialista.

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