- El papel del psicólogo
- El papel del psiquiatra
Es un hecho que la labor de los especialistas en el tratamiento es vital para la evolución de los pacientes y en el caso de su padecimiento, los oncólogos son quienes encabezan la estructura de atención y apoyo para usted. Pero ¿qué hay de quienes colaboran en los procesos emocionales del paciente?
En los últimos 20 años se ha prestado mayor atención a los aspectos psicológicos y psiquiátricos del individuo que sufre algún tipo de cáncer. Este campo se ha desarrollado hasta el punto de convertirse en una subespecialidad reconocida de la psiquiatría de enlace con la oncología. La psico-oncología aborda las dos mayores dimensiones psicológicas y psiquiátricas de un padecimiento como éste.
Existen muchos mitos acerca del estado psicológico de una persona con un tipo de cáncer. Aseveraciones que van desde “Todos están deprimidos y necesitan intervención psiquiátrica” hasta “Pueden manejar bien la enfermedad y no necesitan ayuda psicológica”. Sin embargo, estudios realizados en distintas pacientes que sufren y han sufrido el padecimiento contradicen estas actitudes.
El papel del psicólogo La psicología es una ciencia que estudia la conducta humana y sus motivaciones; el porque las personas piensan, sienten o actúan de una manera u otra. Los campos que actualmente atiende el psicólogo son diversos y uno de ellos es el clínico. El estudio del paciente se ha vuelto una de sus áreas más investigadas, de ahí la necesidad de que permanezca en contacto con el psicólogo. De esta manera, se podrán dar solución a diferentes procesos de duelo por los que pasa.
Uno de los aspectos más importantes para un correcto manejo de tratamiento y una mejor calidad de vida, es que se comunique con su entorno: familia, amigos, enfermeras, médicos y psicólogos; este último puede ofrecerle dinámicas para que exprese sentimientos que tal vez no se atrevería a revelar. Dichos sentimientos pueden ser los detonantes de complicaciones a nivel físico y emocional; el especialista es un receptor de las inquietudes, sensaciones, miedos, tristezas, alegrías y además, ayuda a transformar las situaciones en hechos positivos.
El experto empleará mecanismos terapéuticos que lograrán que usted pueda externar situaciones y sensaciones que en determinado momento, hayan puesto una barrera en su recuperación, situación que no siempre se deja ver a simple vista. El hablar de sus sentimientos, tanto negativos como positivos, le ayudará a quitar de cualquier carga mental que pueda tener y le aportará soluciones efectivas. De esta manera podrá transitar por este proceso de duelo.
El papel del psiquiatra Algunos pacientes presentan algo más allá que un duelo. Si usted presenta lo que comúnmente se denomina como cuadro depresivo o un trastorno de ansiedad, puede recomendarse, además del apoyo psicológico, la consulta de un psiquiatra, quien valorará su condición para poder recomendar un tratamiento adecuado.
El impacto de la mente sobre la salud y la enfermedad es ampliamente reconocido; diversas investigaciones científi cas corroboran los efectos de los problemas de la salud mental sobre los físicos. La consulta psiquiátrica oportuna mejora la evolución del paciente.
Recuerde que así como el cáncer de mama puede producir efectos físicos como fi ebre, sudoración o cansancio (entre otros), también puede ocasionarle efectos a nivel emocional que necesitan atención como cualquier otro síntoma. El experto en psiquiatría es quien puede evaluar qué componentes a nivel emocional y psíquico, están afectados y poder tratar estos aspectos.
El psiquiatra también se encarga de tratar uno de los trastornos más comunes como es la depresión, de hecho, la Organización Mundial de la Salud, reconoce que el enfermo que la padece presenta, entre otros síntomas, las siguientes manifestaciones: humor o ánimo depresivo, pérdida de la capacidad de interesarse y disfrutar de las cosas, disminución de la vitalidad, que lo lleva a minimizar su nivel de actividad y a sentir cansancio exagerado aún después de un esfuerzo minúsculo.
La depresión se caracteriza por:
• Trastornos del sueño (insomnio o dormir más de lo acostumbrado) • Trastorno del apetito (pérdida del apetito o comer demasiado) • Angustia • Retardo o agitación psicomotora (disminución o aumento de movimientos) • Pérdida del interés por todo lo que está a su alrededor • Pérdida de la voluntad • Disminución de la energía • Pérdida de la capacidad de disfrute • Tristeza • Difi cultad para tomar decisiones (indecisión) • Problemas para concentrarse
El diagnóstico de depresión no siempre es tomado en cuenta y en ocasiones se le da poca importancia. Síntomas como desgano, pérdida del apetito o el insomnio se atribuyen frecuentemente a un padecimiento como
cáncer de mama, y por lo tanto, puede suceder que los
cambios en el estado de ánimo sean considerados como consecuencia de la enfermedad.
La insatisfacción y la irritabilidad aparecen frecuentemente en la persona hospitalizada a la que sus médicos no le diagnostican el trastorno depresivo. Estos pueden considerar que la enfermedad, especialmente cuando es crónica e incapacitante es una “buena razón” para que sus pacientes estén deprimidos y que su mejoría estará en relación con el éxito del tratamiento por sí solo. Por ello, es importante que cualquier síntoma relacionado con la depresión que usted pueda sentir, lo reporte a su médico y si es posible al especialista en estos aspectos como puede ser el psiquiatra.
Otra de las manifestaciones que puede aparecer en la paciente con cáncer de mama como trastorno relacionado con la atención psiquiátrica es la ansiedad. Cuando ésta es muy intensa, duradera y recurrente se considera como patología o enfermedad, lo que impide que cualquier persona que la padece, se adapte a su medio ambiente.
La ansiedad puede dividirse en:
• Tensión motora: estremecimientos corporales, temblores especialmente de áreas dístales (piernas, brazos y manos), dolores musculares (nuca, espalda y piernas), incapacidad para relajarse, tics (movimiento involuntario que se produce repetidamente) o bien necesidad de estarse moviendo constantemente. • Hiperactividad neurovegetativa: sudoración en las palmas de las manos, cabeza y la frente, palpitaciones y taquicardia (aceleración del ritmo cardiaco), taquipnea (aceleración del ritmo y la frecuencia respiratoria), mareos, boca seca, crisis de calor o frío, poliuria (necesidad de orinar muchas veces). • Contenido del pensamiento: aprehensión, preocupación, miedo por causas inespecífi cas, presentimientos negativos, tanto para sí mismo como para los demás. • Hipervigilante y distraído • Alteraciones del sueño: insomnio inicial (difi cultad para dormir) e intermedio (despertarse durante la noche).
Si usted siente o ha sentido alguna de estas manifestaciones, informe a su médico para que pueda referirlo con el especialista.
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